Beatriz Ornia, ojos azules como fabulosas turquesas, esbelta, muy hermosa, entró y cerró la puerta tras sí.. —¿Duerme? —preguntó su suegra.. Beatriz se dejó caer en el cómodo sillón forrado de napa verde y suspiró: .
—Se nota —observó riendo— que no conoces a mi hijo. No admite que le duermas como a un chiquitín.. Creo que dejé de cantarle la nana a los cinco años. .
—Ciertamente —comentó el suegro—. Al verle da la sensación de ser un hombrecito en miniatura. .
—Hay que tener en cuenta que hizo el mes pasado los diez años. .
Beatriz esbozó una tibia sonrisa. —Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando me casé…
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Beatriz Ornia, ojos azules como fabulosas turquesas, esbelta, muy hermosa, entró y cerró la puerta tras sí.. —¿Duerme? —preguntó su suegra.. Beatriz se dejó caer en el cómodo sillón forrado de napa verde y suspiró: . —Se nota —observó riendo— que no conoces a mi hijo. No admite que le duermas como a un chiquitín.. Creo que dejé de cantarle la nana a los cinco años. . —Ciertamente —comentó el suegro—. Al verle da la sensación de ser un hombrecito en miniatura. . —Hay que tener en cuenta que hizo el mes pasado los diez años. . Beatriz esbozó una tibia sonrisa. —Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando me casé…